martes, 28 de agosto de 2007

Fuentes de vanidad

Mis años como universitario, salvo uno que fue de relativa estabilidad, fueron años decadentes, de apatía y monotonía generalizada, el gris es el color que se me viene a la mente al recordar. Con compañeros que nada tenían que ver conmigo, los fines de semana en un local de ensayo que por momentos resultaba un suplicio ir a tocar y noches de juerga con amigos que odiaba. Estaba siempre anclado a unas mismas personas y las pocas que conocía nuevas, eran adjuntos a ellos y por lo tanto, de la misma calaña. Por muy absurdo y patético que parezca, durante mucho tiempo mi única ilusión y a la que me aferraba fue la de tener un buen motivo para volver a reencontrarme con la clase de mi último año de instituto donde sí había gente que coincidía con mi forma de ser y con la que me encontraba a gusto, ilusión que murió después del fracaso de una cena que organizamos como ya comenté aquí en un artículo.
Era en aquella época donde más escribía en un diario en formato "word" que venía a ser mi refugio y donde releer lo que escribía me servía a duras penas como psicólogo (bueno, mejor "amigo", a los psicólogos que los den) a quien contar mis penas, ya que no disponía de nadie de confianza con quien hacerlo. En aquellos textos se hizo popular el término "fuentes de vanidad". Estas fuentes no eran más que hechos cotidianos que provocaban, en baja medida pero suficiente, autoestima para estar orgulloso de mí mismo por unos días. A saber: una buena nota en un trabajo, el agradecimiento sincero de alguien a quien había echado una mano en algo, las miradas pícaras de alguna chica en el metro, comentarios que dijeran que mis canciones sonaban bien o que yo era especial en algo en concreto... y la búsqueda de estas fuentes de vanidad, sobre todo en épocas de sequía, llegaba a ser una auténtica obsesión. Y es que tanto nuestra felicidad como la miseria dependen siempre de los demás, en mi caso más aún. Es lo que odio de la vida en sociedad.
Por aquellos tiempos yo no vivía, sobrevivía. Y en mitad de esa lucha encontré la felicidad de casualidad, o eso pensé en un principio. Pero pronto descubrí que era una felicidad artificial y forzada y no tardó en caer por su propio peso volviendo a la inestabilidad del día a día, demasiado sensible a todo y demasiado simple la satisfacción que me iban proporcionando esas fuentes de vanidad.

Aquella época se cerró a raiz de poner internet en mi casa. Es algo que, en un principio y entre la gente guay de la que me rodeaba, me daba vergüenza reconocer por la mala fama que tiene entre ellos este medio de comunicación y las personas que lo usan para eso, para comunicarse, pero que hoy en día lo digo con total orgullo. Internet me permitió encontrar gente afín a mí y cambié radicalmente de entorno para quedarme solo con quien realmente me interesaba, con quien me admiraba y me hacía sentir bien. Pero lo más importante es que tenía la seguridad de disponer de esa confianza en mi mismo casi cada día, como un contrato fijo te da seguridad económica. Aunque no niegue que aun hoy en día todas sas cosas aún me crean autoestima, hoy en día el término de "fuente de vanidad" como búsqueda de motivos para seguir viviendo, ha quedado obsoleto. Y si es necesario, encuentro el consuelo pensando en lo que ya tengo.

Gracias a todos los que os deis por aludidos.



Héroes Del Silencio - Fuente Esperanza
18 agosto 2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Haber tio.......Primero que no sabes si quiera quien soy yo y segundo, a quien e insultado?No me meto con nadie y no hago refencia a nadie, tu seguro que eres el tipico que va por la vida de chico incomprendido y solitario que paga sus penas y frustraciones a traves de un par de comentarios con vocabulario aceptable.
No tienes derecho a juzgarme ni a dar ningun tipo de opinion hacia mi persona y si no te gusta lo que escribo pues no lo leas puto friki, me suda la polla pero bastante tu opinion y tus criticas.
Ale, sigue sintiendote importante escribiendo con palabras bonitas y insultando por ay que alguien seguro que ya te habra partido la bokita mas una vez......y si no,es que no sales mucho de casa macho.

Un calido y amistoso abrazo amigo mio
20 agosto 0:38

Anónimo dijo...

Bah, no merece la pena que pierdas el tiempo escribiendo sobre el Violence ese...

Tienes mucha razón en este texto, para l@s que nos gusta hablar de algo más que de la serie de moda o lo que mola el tema de los microfonos Internet es una herramienta genial para conocer gente afín a nosotr@s, de no haber sido por peña que conocí por internet me hubiera perdido unos cuantos conciertos y noches de farra por ambientes, como mínimo, medio decentes.

Un saludo
20 agosto 2:12