martes, 28 de agosto de 2007

Habitación 303

Cuando somos pequeños, imaginamos que el día de nuestra muerte será la de un héroe, defendiendo a un pobre niño o a nuestra amada de unos malhechores y en mi caso, deseaba ser congelado en un ataud de hielo perpetuo como pude ver en esos dibujos animados que tanto me gustaban. Pero por desgracia para mi y para ti que estás leyendo esto, seguramente moriremos después de una patética agonía en cualquier hospital inmundo como simples y vulgares mortales, que es todo lo que somos. El otro día soñé con ella, pero recuerdo que en el sueño repentinamente se echaba mano al estómago por un fuerte dolor. Porque ni los sueños escapan a la realidad.
No sé si estos días han sido los peores de mi vida pero sí los más tensos. La última semana de mi madre en este mundo ha sido como una película de final ya conocido pero de dramático desarrollo. Nadie podía imaginar que lo que se nos anticipó en los ultimos días del 2006 y que sentenciaron un par de semanas después, iba a acontecer tan sumamente rápido, sin apenas tiempo para disfrutar de su presencia y sin tiempo ni posibilidad de decirle lo que le tenía que haber dicho hace muchos años y poder pintar en su cara la más amplia de las sonrisas de entre las pocas que le he podido dar. Y es que solo valoramos lo que tenemos cuando ya lo hemos perdido.
Durante esa semana he asistido capítulo por capítulo a la debacle de alguien que el sábado 3 de febrero, día en que dejó la que siempre fue su casa y lo cuál todos presentimos, era la misma persona que he conocido en estos 26 años y que en apenas 8 días ha ido apagándose y envejeciendo más y más hasta ser el vivo reflejo de la muerte en las horas previas a su final. Rápidamente fue perdiendo el color natural de su piel y del blanco de la cornea de sus ojos para dar paso a un tono amarillento debido a la bilirrubina, que nadie cuando Juan Luis Guerra hizo aquella famosa canción creíamos que en exceso podría tratarse de una sustancia tan letal. La movilidad se redujo así como el habla, llegando a balbucear unas escasas, ininteligibles y silenciosas palabras ya más fuera que dentro de este mundo.
Ella en ningún momento sufrió, o al menos eso es lo que decían los médicos, pero eso no era lo que a mí me preocupaba porque ellos se referían al dolor físico. Yo siempre he dicho que prefiero que me rompan las dos piernas a que me rompan el corazón y lo que más temía es que ella supiese lo que le iba a suceder, que en ese estado somnoliento que parecía tener siempre tuviese la mente lo suficientemente lúcida como para ser consciente de su situación. A veces decía que ojalá los medicos la pusiesen buena rápido porque echaba de menos su casita, en lo que parecía una frase dicha desde la ignorancia. Pero ahora, después de su muerte, sé a ciencia cierta que solo era una prueba más de su inmensa bondad, para no ponernos tristes, puesto que hubo a alguien a quien dijo hace unas semanas que ella sabía que iba a morir.
El sábado fue para mí el día en que murió su espíritu aunque su cuerpo siguiese funcionando un día más. El destino quiso que yo tuviese una cita ineludible (incluso en estas condiciones) que me mantendría ocupado todo el día. Pero mi madre seguía en su meteórica degradación y los médicos habían apuntado que de esa noche no pasaría. Ella, quizás segura de que estaba viviendo sus últimas horas, había logrado comunicar aquella mañana que quería verme por lo que, en cuanto terminamos nuestro deber, nos dirigimos mi hermana y yo velozmente al hospital. Poco antes de las 12 de la noche llegamos y después de haber estado todo el día en estado de semi-inconsciencia, nada más acercarme a ella abrió esos decadentes ojos, sonrió levemente y levantó torpemente los brazos para intentar abrazarme y darme algo que se intuía que era un beso. Pero fue lo último racional que hizo en su vida, la enésima inyección de morfina la sumió de nuevo en el mundo irreal en el que se encontraba y ya solo pudo respirar cada vez con más dificultad hasta el momento de su muerte, hasta que ya solo pudiese hablar de ella en pasado.
He de felicitar a los empleados del tanatorio de La Paz en Tres Cantos, acogedor lugar a pesar de ser lo que realmente es, por su trabajo en el maquillaje puesto que borraron el agonizante rostro que había visto en los últimos días y en su lugar dejaron la cara que había visto toda mi vida con un semblante de paz que envidiaba mi destrozado cuerpo después de diez días seguidos de trabajo, una mudanza y varias noches en vela. Por allí pasaron centenares de personas que me besaron, me dieron la mano o me abrazaron, en algunos casos llegando a conmoverme ya que algunos habían venido desde Barcelona en ese mismo día y que solo conocían a mi madre de un viaje que hicieron juntos lo que hizo acordarme de mis propios amigos que, ya que yo les puse una barrera para que ni viniesen ni me llamasen hasta que esto pasase, me han inundado el buzon y el movil de mensajes (gracias a todos). Tal afluencia de gente no hacía más que probar el carisma de mi madre, una persona que jamás hizo intencionadamente daño a nadie ni tuvo un solo enemigo y que todavía no me creo haberla perdido, parece como si esperase que en algún momento ella entrará por la puerta.
En aquél lugar existía un cementerio al estilo americano, con placas conmemorativas en lugar de tumbas, mucho más bonito que los convencionales donde yo solía pasear mientras fumaba uno de los muchos cigarrillos que he consumido estos días y en donde recordé esta canción que ahora suena, que a ella le gustaba y cuya letra alguien me dijo alguna vez que parecía estar dedicada a mi. Me habría gustado tenerla ahí en lugar de convertirse en polvo que flotará en el viento porque a cada hecho que me marca le exijo un lugar de peregrinación. Por eso, al igual que el perro llora frente a la tumba de su amo, esa lúgubre habitación del hospital que en los últimos cuatro años se ha convertido en mi segunda casa, no me dijo adiós este triste 12 de febrero.





Luz - Sentir
16 febrero 2007

13 comentarios:

Anónimo dijo...

...........................

UN ABRAZO
16 febrero 20:31

Anónimo dijo...

hola ! aha ! i'm italian....italiano XD....your music is very Gooooood :P...walk on ;)
17 febrero 11:31

Anónimo dijo...

Es que no se que decirte ya que con mis torpes palabras nada voy a solucionar....

un beso...

19 febrero 23:12

Anónimo dijo...

Aunque lejos, tienes un hombro, quizás mis labios no sepan decirte nada pero mis oidos sabrán escucharte.

... Por desgracia te entiendo ...

20 febrero 10:52

Anónimo dijo...

lo siento mucho cielo, te e enviado un sms esta mañna, toy procupada por ti... si necesitas algo ya sabes. besos
21 febrero 19:52

Anónimo dijo...

Sólo quiero decir que lo siento mucho, que me parece una noticia muy triste y que espero que, dentro de lo posible, te repongas pronto.

Mis condolencias.
23 febrero 15:07

Anónimo dijo...

Dani, soy el Hueso, estoy en Bélgica y acabo de leer tu blog.
Nunca soy capaz de encontrar las palabras adecuadas para estos momentos. Sólo quería que supieras que lo siento y que espero que pronto te recuperes. Un abrazo
25 febrero 2:35

Anónimo dijo...

Muá
26 febrero 22:01

Anónimo dijo...

Buenas....
No sé bien cómo descubrí tu blog...Pero me ha alegrado muxo hacerlo. He leído este post con detenimiento y algunos de los anteriores un tanto más al pasar (cuestión de tiempo...). Nunca se logra entender el dolor ajeno; con lo cual, podría decir frases predeterminadas, redactar palabras de consuelo, contarte mi experiencia...Por lo general no sirve. Sep, no te conozco...Sin embargo, al menos a mi, me resulta más grato el silencio antes que las sílabas pronunciadas porque sí. O bien, una charla poco inherente al tema. Un debate filosófico, una canción que nos conmueva, navegar a través de un buen libro, contemplar un atardecer...llorar a solas un poco y reírse, en lo posible, de pavadas...Ser libres. Ser cómo queremos ser. Creo que la muerte (la cercana...no la de noticieros, diarios o revistas. No la que no nos golpea en la cabeza directamente, la que no nos despoja de la certeza, aquella que asumimos tan lejana)., la muerte cercana, la que nos toca a la puerta del alma y nos tambalea, nos despierta (de pésimo modo, pero lo hace), La que nos recuerda que somos vulnerables...la que se ríe, y dice presente de una manera impetuosa. La que nos da una importante lección: VIVE. Y aprovechá tu vida. No soy precisamente de las personas con tendencia a fijarse en el lado positivo de las cosas...No le vi nada bueno a la muerte de mi padre en octubre del año pasado...No hallé ningún enfoque positivo al desgano y sufrimiento de mi madre. No me pareció constructiva su ausencia. Y eso que miraba desde varias perspectivas...
El tiempo...destestable tiempo. Que todo lo daña y todo lo repara a su antojo. Cuán limitados somos, ¿no? Y aún así, nos queda seguir...Mirar para adelante. Qué ´sendero tan oscuro, tan repleto de basura y mediocridad, absorbe nuestras energías...y, luego,esos esporádicos instantes de luz. Encandilan. Otra vez sentimos que la vida tiene sentido...sep...es un período sumamente corto...Pero (no sé cómo) logra convencernos de que vale la pena tirar para adelante...

No sé bien qué quiero decir (casi nunca sé). Simplemente, aparecer. Hacerte saber de mi existencia...Que, aunque pequeña, es...Digamos que pude encontar, a lo largo de la lectura de tu space, concomitancias muy fuertes...Y eso me sorprendió.
No entiendo tu dolor. Porque no estoy en tu piel. Pero sí puedo decirte que, si algo hay que aprender de la maldita muerte, es que esos destellos de luz deben ser vivenciados al máximo. Y que las cosas cotidianas y meras imposiciones de una sociedad (que cada día se va más al demonio) deben ser dejadas de lado.

Un saludo grande...

Simplemente pau, de Argentina
10 marzo 1:09

Anónimo dijo...

Desde que me enteré no paraba de preguntar por ti. :*** Eres fuerte. aplaudo mas fuerte aun
16 marzo 12:19

Anónimo dijo...

agujaaa
18 marzo 20:33

Anónimo dijo...

mi padre tiene cancer ene l pancreas y le quedan unos meses de vida, puedo decir que se como te sientes y tambien puedo decir que lo supieras si no hubieses desaparecido
26 marzo 19:26

Anónimo dijo...

Mi intención era contestar en el primer blog, pero acabo de ver el vídeo que colgaste que no sé porqué no vi en su día; y bueno...llevo unos días que me siento especialmente sensible con estas cosas y -aunque a veces no me creas- estoy a punto de echarme a llorar frente a la pantalla como una nena pequeña.
Siento mucho todo esto que os pasó, pero lo que más me duele es no haber sabido estar ahí. Cierto es que tú nos alejaste y casi nos prohibiste llamarte o intentar localizarte; pero eso no me excusa para que no luchara por saber algo de ti. Me hubiese gustado hablar contigo aquellos días, pero no lo hice, más porque creía que tú no podías hablar que porque me dijeras que no querías que te molestáramos.
Ahora me siento como una imbécil egoísta porque en lugar de intentar animarte mi única preocupación era que me dijeras si tenía que comprarte o no una entrada para un concierto. Si te sirve de algo, lo siento mucho. Espero conservarte por mucho tiempo.

Un beso
24 abril 15:58