miércoles, 26 de septiembre de 2007

El eterno dilema (2ª parte)

Últimamente y sin saber con exactitud porqué razón, me estoy dando cuenta que estoy más rencoroso y vengativo de lo que en mí y por naturaleza es normal, que suele ser bastante. Me resulta fácil pedir perdón pero difícil perdonar, o en el mejor de los casos perdono pero nunca olvido. Siempre he aceptado o, más bien, me he (mal)acostumbrado a asumir el papel de víctima, dejándome perjudicar para luego lamentarme en silencio y desarrollar animadversión por quien me ofendía pero siempre sin exteriorizarlo y de forma disimulada ir apartándome poco a poco de esa persona, sin llegar a explotar, aunque con mucho rencor y crispación por dentro. Quizás porque siempre evité en todo momento las excentricidades, no me gustaba ser protagonista de una bronca, no me gustaba montar escenitas ni nada que llamase la atención de todo el mundo. Pensaba que esas situaciones eran como batirse en duelo con alguien en público (y aunque no lo hubiese, el resultado de ese duelo acabaría llegando a oídos de todos), que conseguir la victoria sanaría la herida causada por la ofensa y me daría moral para la siguiente pelea pero una derrota me haría sentir mucho peor. Y nunca me sentí confiado en mi fortaleza como persona para pensar que en cualquiera de estos envites iría a conseguir el éxito. Otras veces era miedo no a perder la batalla, sino a que mi explosión provocase el rechazo o la incomprensión de los demás. Por eso, simplemente me lo guardaba todo para mí mismo y me acostumbré a ese rol de víctima.
Sin embargo, todo eso está cambiando poco a poco. Ahora soy mucho más contestón, más orgulloso y con más (como diría uno de por ahí) "artillería dialéctica", hasta más fuerte físicamente. Puede que tan solo sea susceptibilidad pero últimamente, en casi todos los ámbitos y entornos, me defiendo como gato panza arriba ante cualquier ofensa, unas veces de forma sutil y otras de forma ruidosa. Me estoy obsesionando con el "ojo por ojo, diente por diente" y con dar a la gente de su propia medicina, hasta en las situaciones más aparentemente inofensivas. No es el hecho de que si la ofensa recibida es "tal", yo no me quedo quieto y ofendo con "cual". Es que es ofendo también con "tal", intento hacer sentir al ofensor exactamente igual a como me ha hecho sentirme a mí, ni peor ni mejor, igual y además y a ser posible, por sus mismos métodos (excepto a determinados cerdos con los que aún tengo viejísimas cuentas pendientes y que si no fuera ilegal, las saldaría dándoles la peor de las muertes). Algunas veces lo hago de forma constructiva, con el fin de hacerles entender cómo me han hecho sentirme y que he visto que han sido incapaces de comprenderme y sufriendolo en sus propias carnes es la mejor manera (aunque lo normal es que no vean esa intención y se enfaden). Pero en ocasiones, ese pago en agradecimiento por su buen comportamiento conmigo, esa venganza, se sirve fría. Llega pasado mucho tiempo después y tras la ejecución de retorcidos planes cuidados hasta el milímetro. Una vez hecho, la herida queda curada, ya no me lamento por lo que me hicieron (intencionada o negligentemente, a mi eso me da igual). No sé, quizás todo eso me llevase a ser el hijo de puta que siempre quise ser.
Claro que, he utilizado el pretérito de "querer" y para ser sincero, esta tendencia me preocupa, me preocupa hasta donde puede llegar mi rencor. El otro día en el metro me crucé con un tio que se rió, tan solo una vez, de mí en tiempos de instituto, hace seguramente más de 10 años y desde entonces no nos habíamos vuelto a ver, jamás tuvimos relación de nada, ni siquiera éramos compañeros de clase, solo nos conocíamos de vista. El individuo estoy convencido de que ni me conoció, pero yo a él sí. Al pasar por mi lado le tiré una zancadilla, fingiendo haberme tropezado con su pie. Lo cierto es que ver aquella cara hizo que me hirviese la sangre y la zancadilla casi fue un acto reflejo. Y yo me pregunto: ¿hasta tal punto me cuesta olvidar o perdonar?.
Es cierto que defendiéndome de los ataques mediante otros ataques o vengando cualquier ofensa pasada me crea satisfacción, me produce autoestima y seguridad, y tan siquiera debería sentirme avergonzado, tan solo es la búsqueda de la justicia. ¿Porqué debería tener remordimiento de dar a la gente lo mismo que me han dado ellos?, ¿porqué debería ser yo el malo si he hecho exactamente lo mismo?. En determinados momentos esa convicción me puede, creo que estoy haciendo lo correcto, lo mejor para mi.
Pero hay ocasiones en las que pienso que no es bueno estar siempre bajo esa condición, siempre alerta en respuesta de cualquier ofensa, constantemente midiendo tanto lo malo que me dan para darles yo exactamente lo mismo o lo bueno que me dan para yo no dar más de eso, además que esas cantidades son difíciles de medir y a veces creo que mi respuesta es desproporcionada, haciendo daño a gente que quiero. Pienso que esa actitud rencorosa y defensiva no me hará ganar muchas simpatías, me da por creer eso de que "ojo por ojo, sí, pero de esa forma el mundo acabará ciego" y me limito a aguantar de nuevo estoicamente cualquier cosa adoptando de nuevo el papel de víctima. Papel que siempre he exhibido en esta página y quizás por eso le he caído simpático a mucha gente.
Por eso, tengo un nuevo dilema: ¿ser el adorable y triste reo o el odioso y feliz verdugo?


Michael Jackson - Beat It

miércoles, 19 de septiembre de 2007

La caja tonta

Si la sociedad nos impone absurdos e incomprensibles cánones es como consecuencia de unas costumbres que se han ido degenerando con el tiempo, que sufren metamorfósis y mutaciones para, en cada época, tener modelos de comportamiento que se establecen como oficiales y en la mayoría de los casos, la televisión es el gurú de todas esas modas, directamente responsable de la estupidez social... si no es la que más.
Sin ir más lejos, en la faceta de ser guay, cada año la televisión a través de sus programas marca la tendencia a seguir, con frases o palabras que los productores exhiben a conciencia y que borregos sin lenguaje propio toman como suyas en sus tertulias con amigos o con compañeros de trabajo. Estas frases que las televisiones cambian cuando ya están muy usadas, sirven a la gente para estar a la última en lo que a jerga buenrollotronquista se refiere. Al igual que en cuanto a ropa, tu no puedes ir ya con pantalones cortos y llevar los calcetines subidos hasta la rodilla sin parecer un ridículo, tu no puedes decir en una conversación "ventidó, ventidó..." del Duo Sacapuntas sin parecer un desfasado sino que en su lugar debes decir al menos, un relativamente actual "que pasa neeeeng".
A lo largo de los años he vivido diferentes de estas modas, desde los ochenteros y antes mencionados Duo Sacapuntas y sus tonterías de "¿como estaba la plaza?...abarrotá!" (a veces probaban al público del Un, Dos, Tres para comprobar si se sabían su estupidez y cuando uno de ellos hacía la pregunta en alto, el público al unísono gritaba la respuesta... como los payasos y ¿como están ustedeeees???), Eloy Arenas y lo de "ah, se sienteeeee" o Martes Y Trece y su "qué potito" entre otras muchas tonterías. Ya en los 90, el programa de Alfonso Arús "Al Ataque" fue el precursor de una serie de programas con frases a mansalva que tenían como objetivo este tipo de telespectadores y todo aquello de "qué mala suerrrrte", "te vas a comer la patilla, mamón", "que te meto con el meshero, Sole", etc.
Luego Telecinco, que siempre me pareció la emisora más entretenida pero también la responsable nº1 de todo este tipo de gilipolleces, llegó con "Esta Noche Cruzamos El Mississipi", "Crónicas Marcianas" o "El Informal". Estos programas, amenos pero muchas veces estúpidos (en especial, Crónicas Marcianas, solo El Informal gozaba de mi simpatía), estaban llenos de personajes peculiares que repetían una y otra vez la frase que debía penetrar en la mente de la población hasta que se convirtiese en moda, cosa que no tardaba demasiado. Así tuvimos el "Esto es un infierno" de Rambo, "Qué pasa Pipi!" de Pepelu, "Me congratula" del sketch del Dalai Lama, "Qué pa, qué pa, qué paassa" de otro de esos que hacía Florentino Fernandez, toda la coba que le dieron a una frase casual de Fernando Fernan Gomez ("a la mierda!"), "Essssssoo" de la Pantoja de Puerto Rico, "Po zí" y un larguísimo etcétera.
Antena 3 tampoco se les iba a quedar a la zaga y aportó frases de sus series Manos A La Obra y aquello de "to lo negroooo" referido al organo sexual femenino y que los protagonistas, dos pintores, les gritaban a las mozas que pasaban (como Kutxi Romero y su sensibilidad de poeta, mismamente). O esto que hay ahora de "Un poquito de pofavó". La Primera y Cruz y Raya puso en órbita lo de "Si hay que ir se va, pero ir pa ná..." y Los Morancos la chorrada de chillar "Joshuaaaaaa".
Luego, desde un lado menos guay sino más pedante y sibarita, hasta los informativos nos metieron por vena nuevas palabras para designar cosas que de toda la vida las conocíamos por otros términos. Al margen de nombrar a los atentados de Al Qaeda siempre por números y letras (sí, el 11-M fue un atentado de Al Qaeda), cuando la catástrofe del Prestige las manchas de petroleo o crudo dejaron de ser tales para convertirse en "chapapote". Al igual que los subsaharianos ya no vienen en las pateras de toda la vida, sino en "cayucos". Y Operación Triunfo (en clara operación márketing) nos enseñó que estábamos todos equivocados al llamar coreografía a un grupo de gente que baila coordinadamente al son de la música, porque eso es en realidad la "batuka" (sí, esa, la de toda la vida); o la gimnasia de siempre es ahora "pilates" (y yo pensando que tenía algo que ver con el personaje bíblico).
Confieso no haber dicho en mi vida, ni en la de crio, una frase de estas. ¿Y me siento orgulloso por ello? Pues sí, a pesar de que en algunas ocasiones se me haya considerado un personaje soso por no hacer gala de estas gilipolleces. Como también me siento orgulloso de no ver la televisión desde hace algunos años, tan solo para ver algún deporte de vez en cuando o el telediario. Y aún así prefiero enterarme de las noticias por diarios como el 20minutos o el Metro que las cuentan imparcialmente y sin manipulación informativa.
Y es que los padres tienen razón en preocuparse porque su hijo pase demasiadas horas viendo televisión. Pero no porque no estudie o porque cree adicción y termine con la vista mal, sino porque de mayor será gilipollas.


Testament - Electric Crown

domingo, 9 de septiembre de 2007

El peregrino

Suelo ser bastante fetichista, no necesariamente con objetos sino más bien con fechas, acontecimientos y lugares. Si algo me marca, especialmente si lo hace para mal, se convierte en punto de referencia de muchas cosas, vienen a ser como especies de 11-S en mi vida y con frecuencia viene a mi mente la idea de "la última vez que hice esto, fue antes de aquél día" o "dónde estabas tu el día que yo...?".
Hay veces que incluso me llevan a crearme enfermizas obsesiones como lo supuso el llamado Día de la Decepción, creando un punto de partida del tiempo tal que hoy estamos en el año 8 d.D. (después de la Decepción), llenando todo de alusiones a ese día como la contraportada del disco "Memorias De Un Inútil" en el que el código de barras, lejos de ser un número casual, especificaba la fecha y la hora de ese apocalíptico momento; o la discográfica que me inventé para producir el disco, cuyo logo son dos D's enfrentadas (que aparte de representar a Día y a Decepción eran las iniciales de las dos personas involucradas en aquella historia)... pero sobre todo tenía un lugar de característico por donde siempre que pasaba, me venían a la mente imágenes de aquél día y lo convertí en un lugar de peregrinación, normalmente en borracheras, cuyas visitas seguían unas reglas en el tiempo.
¿Y porqué ese empeño en recrearse en trágicos momentos? Quizás porque lo malo siempre nos impacta más, tomamos el estar contentos como el estado normal (más que nada porque aparentemente, la mayoría de la gente que nos rodea parece estar contenta) y cuando algo nos altera eso, le damos mucha más importancia. Sin ir más lejos, yo no recuerdo con exactitud el día que terminé la carrera, por ejemplo, pero sí el de la Decepción y otros muchos de negro recuerdo. Además, con precisión milimétrica y los cuales, también tienen un centro de peregrinación.
Pero siendo sincero, aun siendo el hecho que fija un lugar de peregrinación algo malo, si aún hoy en día sigo yendo o tengo en mente visitar de nuevo otros lugares, es porque a pesar de todo algo dejaron un cierto regusto positivo o se ubicaron en una época que en términos generales, recuerdo con nostalgia. Peregrino a esos lugares en busca de puntos de vista del sitio en cuestión que me transporte a esos momentos, a vivir de nuevo sensaciones del pasado, muchas veces persiguiendo la esencia de eso que justifica que cualquier época anterior siempre fue mejor. Por eso, ansío volver a lugares que aún permanecen en mi memoria, siendo cuanto más arcaicos más atractivos, como por ejemplo esos pueblos de la costa levantina donde solía pasar los veranos hace más de 20 años.
Todo estos actos tienen una única lectura. Reflejan mi incapacidad de mirar hacia delante con la esperanza de conseguir algo mejor que eso. Son señal inequívoca de que me estoy haciendo viejo y que intento aferrarme a una juventud que poco a poco voy perdiendo. Y es que desde hace ya mucho tiempo vivo más en el pasado que en este presente que no tiene futuro.


Marilyn Manson - Tourniquet