El eterno dilema (2ª parte)
Últimamente y sin saber con exactitud porqué razón, me estoy dando cuenta que estoy más rencoroso y vengativo de lo que en mí y por naturaleza es normal, que suele ser bastante. Me resulta fácil pedir perdón pero difícil perdonar, o en el mejor de los casos perdono pero nunca olvido. Siempre he aceptado o, más bien, me he (mal)acostumbrado a asumir el papel de víctima, dejándome perjudicar para luego lamentarme en silencio y desarrollar animadversión por quien me ofendía pero siempre sin exteriorizarlo y de forma disimulada ir apartándome poco a poco de esa persona, sin llegar a explotar, aunque con mucho rencor y crispación por dentro. Quizás porque siempre evité en todo momento las excentricidades, no me gustaba ser protagonista de una bronca, no me gustaba montar escenitas ni nada que llamase la atención de todo el mundo. Pensaba que esas situaciones eran como batirse en duelo con alguien en público (y aunque no lo hubiese, el resultado de ese duelo acabaría llegando a oídos de todos), que conseguir la victoria sanaría la herida causada por la ofensa y me daría moral para la siguiente pelea pero una derrota me haría sentir mucho peor. Y nunca me sentí confiado en mi fortaleza como persona para pensar que en cualquiera de estos envites iría a conseguir el éxito. Otras veces era miedo no a perder la batalla, sino a que mi explosión provocase el rechazo o la incomprensión de los demás. Por eso, simplemente me lo guardaba todo para mí mismo y me acostumbré a ese rol de víctima.
Sin embargo, todo eso está cambiando poco a poco. Ahora soy mucho más contestón, más orgulloso y con más (como diría uno de por ahí) "artillería dialéctica", hasta más fuerte físicamente. Puede que tan solo sea susceptibilidad pero últimamente, en casi todos los ámbitos y entornos, me defiendo como gato panza arriba ante cualquier ofensa, unas veces de forma sutil y otras de forma ruidosa. Me estoy obsesionando con el "ojo por ojo, diente por diente" y con dar a la gente de su propia medicina, hasta en las situaciones más aparentemente inofensivas. No es el hecho de que si la ofensa recibida es "tal", yo no me quedo quieto y ofendo con "cual". Es que es ofendo también con "tal", intento hacer sentir al ofensor exactamente igual a como me ha hecho sentirme a mí, ni peor ni mejor, igual y además y a ser posible, por sus mismos métodos (excepto a determinados cerdos con los que aún tengo viejísimas cuentas pendientes y que si no fuera ilegal, las saldaría dándoles la peor de las muertes). Algunas veces lo hago de forma constructiva, con el fin de hacerles entender cómo me han hecho sentirme y que he visto que han sido incapaces de comprenderme y sufriendolo en sus propias carnes es la mejor manera (aunque lo normal es que no vean esa intención y se enfaden). Pero en ocasiones, ese pago en agradecimiento por su buen comportamiento conmigo, esa venganza, se sirve fría. Llega pasado mucho tiempo después y tras la ejecución de retorcidos planes cuidados hasta el milímetro. Una vez hecho, la herida queda curada, ya no me lamento por lo que me hicieron (intencionada o negligentemente, a mi eso me da igual). No sé, quizás todo eso me llevase a ser el hijo de puta que siempre quise ser.
Claro que, he utilizado el pretérito de "querer" y para ser sincero, esta tendencia me preocupa, me preocupa hasta donde puede llegar mi rencor. El otro día en el metro me crucé con un tio que se rió, tan solo una vez, de mí en tiempos de instituto, hace seguramente más de 10 años y desde entonces no nos habíamos vuelto a ver, jamás tuvimos relación de nada, ni siquiera éramos compañeros de clase, solo nos conocíamos de vista. El individuo estoy convencido de que ni me conoció, pero yo a él sí. Al pasar por mi lado le tiré una zancadilla, fingiendo haberme tropezado con su pie. Lo cierto es que ver aquella cara hizo que me hirviese la sangre y la zancadilla casi fue un acto reflejo. Y yo me pregunto: ¿hasta tal punto me cuesta olvidar o perdonar?.
Es cierto que defendiéndome de los ataques mediante otros ataques o vengando cualquier ofensa pasada me crea satisfacción, me produce autoestima y seguridad, y tan siquiera debería sentirme avergonzado, tan solo es la búsqueda de la justicia. ¿Porqué debería tener remordimiento de dar a la gente lo mismo que me han dado ellos?, ¿porqué debería ser yo el malo si he hecho exactamente lo mismo?. En determinados momentos esa convicción me puede, creo que estoy haciendo lo correcto, lo mejor para mi.
Pero hay ocasiones en las que pienso que no es bueno estar siempre bajo esa condición, siempre alerta en respuesta de cualquier ofensa, constantemente midiendo tanto lo malo que me dan para darles yo exactamente lo mismo o lo bueno que me dan para yo no dar más de eso, además que esas cantidades son difíciles de medir y a veces creo que mi respuesta es desproporcionada, haciendo daño a gente que quiero. Pienso que esa actitud rencorosa y defensiva no me hará ganar muchas simpatías, me da por creer eso de que "ojo por ojo, sí, pero de esa forma el mundo acabará ciego" y me limito a aguantar de nuevo estoicamente cualquier cosa adoptando de nuevo el papel de víctima. Papel que siempre he exhibido en esta página y quizás por eso le he caído simpático a mucha gente.


2 comentarios:
No se qué comentar a esto... me ha encantado leer semejante autocrítica...
Personalmente, mi lema siempre ha sido "Perdono, nunca olvido, y cuando puedo las devuelvo"... aunque gracias a eso mucha gente piensa que soy una zorra antipática, pues siempre digo lo que tengo que decir en el momento oportuno...
De todas formas, por lo que escribes, creo que tu ira va más allá que eso, más allá que la necesaria autodefensa para que no te tomen el pelo...
Mi consejo, si esq soy quien de dar alguna, pq ni sikiera soy capaz de llevar las riendas de mi triste cuento, esq frenes tus impulsos de venganza... que hagas borrón y cuenta nueva. No asumas de nuevo el rol de victima, simplemente, a partir de ahora, defiende tus ideales y tu persona lo mejor que puedas. Algunos de odiarán, pero la gente que de verdad merece la pena siempre te agradecerá una sinceridad y una fuerza dificiles de encontrar hoy en dia...
Besos!!
A mí también me asombra tu capacidad de introspección y de autocrítica. Esto sigue siendo un gran diario que hace honor a su título. En cuanto a la venganza, pienso que es legítima en determinadas ocasiones y no de una manera extensiva que pueda llevar al descontrol. El ejemplo que pondría sería el de Charles Bronson en películas como "Yo soy la Justicia" y así: en las primeras mata con proporción y de acuerdo a razones, pero en las siguientes se carga a los delincuentes sólo por estar robando su coche, ja, ja.
Me ha parecido curioso que te hayas puesto en "blogger" y sigas con el otro. A mí me pone muy nervioso tener que actualizar en los dos sitios, pero lo soporto porque así se difunde más.
Un saludo
Publicar un comentario