miércoles, 2 de enero de 2008

Personajes secundarios (II)

Jamás pensé que una canción de El Chivi, a pesar de haber mantenido siempre que aparte de sus guarrerías me parece un gran cantautor, me iba a inspirar para escribir una entrada y recordar la primerísima que escribí en este blog. Y es que esta canción que suena me ha hecho sentirme mal. Aunque reconozco una mejoría creciente desde hace ya unos años y la certeza de que hoy en día sí sé cómo hacerme querer, esta música me ha hecho volverme a sentir como lo que durante mucho tiempo me he sentido, un personaje secundario en la vida de todos los demás.
Quizás sea un sentimiento pasajero, una entrada "rayaduras" que cada vez son menos numerosas perdida entre otras de diferente categoría, quizás sea una visión negativa de algo que no se corresponde con la realidad o puede que en efecto, esa sea la realidad de la que no me haya dado cuenta por el optimismo que algunas cosas me han producido últimamente.
Pero hoy me he puesto a analizar los motivos a los que me he estado aferrando para sentirme bien conmigo mismo y estos me parecen artificiales y abstractos, intangibles. Solo son un cúmulo de halagos hacia mi persona en forma de letras o de ideas. Me estoy dando cuenta que, aunque haya sido por voluntad propia, apenas tengo vida real, algo que pueda tocar con las manos.
Hoy de esos típicos días en los que recuerdo a la gente para la que en el algun momento he sido importante pero que ya he pasado a formar parte de su olvido, a no citarme en el que caso de que escribieran una biografía. Y de la que aún mantengo, por momentos tengo la sensación de ser solo la sombra de los protagonistas principales que ya hay en sus vidas, y no parecen necesitar ningun actor más si no es como es extra, que es todo lo que supongo en la mayor parte de ellos, una especie de cero a la izquierda. En especial, me duele mucho recordar como en algún momento fui la preferencia de toda esa gente, al igual que al niño se le iluminan los ojos al abrir los regalos de reyes con los que había soñado durante tanto tiempo y que ante la novedad permanece entusiasmado durante unos días. Pero al cabo de poco tiempo esos juguetes quedan olvidados en algún rincón de sus cajones. Y yo en algún rincón del olvido de esas personas, algo que se ha repetido una y otra vez incluso curándome en salud para coaccionar a las personas a no ser como los anteriores.
Hay quien me critica el hecho de que esté siempre buscando el reconocimiento, pero a mí no me consuela eso que se dice de "solo Dios sabe que...". Yo no soy capaz de hacer algo bueno por alguien y hacerlo en secreto, algo completamente altruista, no soy capaz de hacer algo generoso sin esperar que me lo agradezcan o me quieran por ello. Y quizás eso y solo eso sea es lo que me hace feliz y a la vez me hace sentir esclavo por tener que depender siempre de alguien. Cada pedacito de cariño o de admiración hacia mi persona lo raciono para que la confianza en mí mismo me dure el mayor número de días posible o me remonto a momentos pasados, frases, textos, fotos... que llevan implícito algo que me hace sentir orgulloso de mí, siempre dichas en boca de otra persona. Cosas que, consciente de que no soy precisamente un ganador y pronto vendrán épocas de sequía, guardo como si fuesen pequeños tesoros.
Pero no se puede vivir eternamente de todo eso. Necesito, como todo el mundo, algo menos abstracto, más tangible, sentirme importante, seguir siéndolo para quien ya lo soy y terminar convirtiéndome en principal también para la gente nueva. Y sin embargo creo que siempre llego tarde a todos los lados, todo el mundo tiene ya alguien inamovible en sus corazones. Casi siempre soy "una buena persona", "un buen amigo", "un tipo simpático", "un tipo inteligente"... pero no hay nadie para quien sea "el mejor".
Ya que esa sensación solo la consigo en las primeras impresiones, en los primeros compases de mis relaciones con la gente, puede que me valiese más apartarme de ellos con el sentimiento aun latente antes de que terminen aburriéndose de mi, como sucede siempre. De esa forma me quedaría con la sensación de que he sido yo quien he elegido apostar porque esas personas no son auténticas incluso antes de darme la patada, quedarme con la sensación de que los perdí de vista sabiendo que me querían y quedarme siempre con ese recuerdo. Quizás sea preferible a seguir disfrutando de su presencia y ver como se apaga poco a poco la placentera sensación de saberse querido.

El Chivi - Ya No Te Acuerdas De Mí